Autor/es: Charles Darwin / Joandomenec Ros (Traducción)
Editorial: Laetoli
Edición: 2008
Encuadernación: rústica con solapas
Páginas: 528
Idioma: español
ISBN: 9788492422050

Las plantas son en su mayoría sedentarias, pero algunas poseen extraordinarios poderes de movimiento e, incluso, otros rasgos que, al menos superficialmente, no se diferencian de los de los animales. Las plantas carnívoras, tema de este libro, capturan, digieren y asimilan animales vivos. Estos estudios sobre las plantas carnívoras ilustran una vez más la enorme curiosidad de Charles Darwin y su mente fértil en el examen meticuloso de la naturaleza y sus operaciones generales y particulares.
Plantas carnívoras se publicó por primera vez  en 1875. La segunda edición (de 1888), que ha servido como base para la presente traducción, fue editada por su hijo Francis Darwin, quien incorporó las anotaciones marginales realizadas previamente por el autor.

Charles Darwin (1809-1882) publicó en 1859 el libro científico más leído de su siglo y seguramente de todos los tiempos, El origen de las especies. Es su obra cumbre y uno de los libros que más influencia ha tenido en la humanidad.

"En todas las páginas encontramos el genio de Darwin, quien describe meticulosamente sus investigaciones y experimentos, los cuales le llevaron a su vez a labrar un terreno de conocimientos prácticamente virgen. El científico deja claro su método, al tiempo que lo explota a fondo para alcanzar su objetivo de poner de manifiesto todos los detalles posibles. De forma puntual, relaciona sus descubrimientos con su aclamada teoría de la evolución, llamando la atención sobre la formidable adaptación de estos organismos vegetales" (Manel Montes, NCYT)

"En el complejo puzzle de ideas provocadoras que es la teoría de le evolución, cada una de las piezas tiene que encajar con exactitud en el conjunto. Cada pequeño hallazgo, cada constatación empírica tiene su importancia. Plantas carnívoras es una de ellas. Quizás no la más sonada, quizás la más exótica, pero una que sin duda ocupó un buen puñado de años en la paciente y comprometida vida intelectual del que puede ser el científico más influyente de la historia. Por eso es incomprensible que hasta hoy no hubiera sido traducida, y por eso es tan de agradecer el trabajo de los profesores Joandomènec Ros y Martí Domínguez, de la mano de la editorial Laetoli" (Jorge Alcalde, Libertad digital)

"El mundo vegetal no puede desplazarse, pero puede esperar. La frase adquiere toda su significación siniestra cuando se observa una planta carnívora: la mía sin ir más lejos.
 Adquirí a Charlie, mi gentil Venus atrapamoscas (Dionaea muscipola) como homenaje a Darwin en este su año que ya se nos acaba. Lo hice en el Museo de Historia Natural de Londres, mi segunda casa, en cuya surtida tienda de recuerdos, con motivo de la estupenda exposición sobre el naturalista, ofrecían una increíble selección de objetos en la que sólo faltaban réplicas de la navaja con que se degolló el capitán Fitz-Roy. Compré mi kit Grown your own Venus Fly Trap, consistente en un paquetito de semillas, una macetita y una pastilla de abono orgánico, por cinco libras, que me pareció un precio ajustado para disponer de un  Charlie ha estado creciendo todo este Año Darwin como viva metáfora de las celebraciones. Paralelamente yo he ido leyendo Plantas carnívoras, una de las obras menos conocidas del autor de El origen de las especies, en la magnífica edición de la Biblioteca Darwin de Laetoli (Jacinto Antón, El País).

Plantas carnívoras - Charles Darwin - Libro

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Autor/es: Charles Darwin / Joandomenec Ros (Traducción)
Editorial: Laetoli
Edición: 2008
Encuadernación: rústica con solapas
Páginas: 528
Idioma: español
ISBN: 9788492422050

Las plantas son en su mayoría sedentarias, pero algunas poseen extraordinarios poderes de movimiento e, incluso, otros rasgos que, al menos superficialmente, no se diferencian de los de los animales. Las plantas carnívoras, tema de este libro, capturan, digieren y asimilan animales vivos. Estos estudios sobre las plantas carnívoras ilustran una vez más la enorme curiosidad de Charles Darwin y su mente fértil en el examen meticuloso de la naturaleza y sus operaciones generales y particulares.
Plantas carnívoras se publicó por primera vez  en 1875. La segunda edición (de 1888), que ha servido como base para la presente traducción, fue editada por su hijo Francis Darwin, quien incorporó las anotaciones marginales realizadas previamente por el autor.

Charles Darwin (1809-1882) publicó en 1859 el libro científico más leído de su siglo y seguramente de todos los tiempos, El origen de las especies. Es su obra cumbre y uno de los libros que más influencia ha tenido en la humanidad.

"En todas las páginas encontramos el genio de Darwin, quien describe meticulosamente sus investigaciones y experimentos, los cuales le llevaron a su vez a labrar un terreno de conocimientos prácticamente virgen. El científico deja claro su método, al tiempo que lo explota a fondo para alcanzar su objetivo de poner de manifiesto todos los detalles posibles. De forma puntual, relaciona sus descubrimientos con su aclamada teoría de la evolución, llamando la atención sobre la formidable adaptación de estos organismos vegetales" (Manel Montes, NCYT)

"En el complejo puzzle de ideas provocadoras que es la teoría de le evolución, cada una de las piezas tiene que encajar con exactitud en el conjunto. Cada pequeño hallazgo, cada constatación empírica tiene su importancia. Plantas carnívoras es una de ellas. Quizás no la más sonada, quizás la más exótica, pero una que sin duda ocupó un buen puñado de años en la paciente y comprometida vida intelectual del que puede ser el científico más influyente de la historia. Por eso es incomprensible que hasta hoy no hubiera sido traducida, y por eso es tan de agradecer el trabajo de los profesores Joandomènec Ros y Martí Domínguez, de la mano de la editorial Laetoli" (Jorge Alcalde, Libertad digital)

"El mundo vegetal no puede desplazarse, pero puede esperar. La frase adquiere toda su significación siniestra cuando se observa una planta carnívora: la mía sin ir más lejos.
 Adquirí a Charlie, mi gentil Venus atrapamoscas (Dionaea muscipola) como homenaje a Darwin en este su año que ya se nos acaba. Lo hice en el Museo de Historia Natural de Londres, mi segunda casa, en cuya surtida tienda de recuerdos, con motivo de la estupenda exposición sobre el naturalista, ofrecían una increíble selección de objetos en la que sólo faltaban réplicas de la navaja con que se degolló el capitán Fitz-Roy. Compré mi kit Grown your own Venus Fly Trap, consistente en un paquetito de semillas, una macetita y una pastilla de abono orgánico, por cinco libras, que me pareció un precio ajustado para disponer de un  Charlie ha estado creciendo todo este Año Darwin como viva metáfora de las celebraciones. Paralelamente yo he ido leyendo Plantas carnívoras, una de las obras menos conocidas del autor de El origen de las especies, en la magnífica edición de la Biblioteca Darwin de Laetoli (Jacinto Antón, El País).