Autor/es: Mónica Virasoro
Editorial: Ciccus
Edición: 2020
Encuadernación: rústica
Páginas: 320
Idioma: castellano
Formato: 16 x 23 cm
ISBN: 9789876938136

Comenzó como novela, pero no pudo, por mi aliento corto, mi vagancia, miedo a las grandes estructuras, incapacidad al fin. Me alegré de la falta de fronteras entre los géneros, leía a Piglia que me daba ideas: …liberar al novelista de la necesidad de idear una trama… El futuro de la narración no dependerá de la construcción de un mapa de los hechos sino de la combinación de autobiografía, observación y reflexión.

Tampoco es diario, porque comienza a escribirse en el 2000 y habla de la niñez; porque los diarios registran los hechos mientras suceden, nada recuerdan. Pocas páginas, apenas reconocidas como propias, se rescataron de años juveniles, transformadas, maquilladas, travestidas. El poeta, sólo alejado de los hechos, se convierte en dador de sentido.

Obra fragmentaria, armada de a pedazos, su orden cronológico nada tiene que ver con el de la escritura. Pedazos reordenados con criterios varios se hilvanan inspirados en un leitmotiv: Cuántas madalenas, Marcel, cuántas para evocar una entera vida. Madalenas, memoria, tiempo se combinan en un plato de exquisito gourmet. Ninguna afición al tiempo ganado, tiempo de la eficiencia, de las cosas prácticas, vamos en cambio por el tiempo perdido, evanescente, esquivo.

Narrarse como una manera de ordenar la experiencia y darse sentido, la autoficción se sostiene por la distancia, ese verse como extraño, como otro.  Asoma la figura del doble. Acaso Ariadna, que es mi doble, tenga como doble a Ivana Matus…. y en masculino a Omar Olivas, y así se van entretejiendo cadenas de dobles que abonan al problema de quién habla. Por momentos hallo que no soy yo sino mis dobles que se entrometen pugnando por la escena y me repiten y cuestionan como “seis personajes en busca de un autor”. La vida ajena como escenario donde transcribo la mía para descubrir otras vidas posibles, lo potencialmente mío.

La escritura como tarea de orfebre que se complace en el volver y corregir; no sólo el estilo sino el sentido de lo vivido, sus significados ocultos, luces del inconsciente. A veces narro para entender mis sentimientos, tanto del pasado como del presente, y no me importan las diferencias; festejo tanto ser la misma como ser otra, acaso esa mezcla singular de ser todo a la vez yo y la otra.

 

Memorias de Ariadna - Mónica Virasoro - Libro

$7.200
Sin stock
Memorias de Ariadna - Mónica Virasoro - Libro $7.200
Compra protegida
Tus datos cuidados durante toda la compra.
Cambios y devoluciones
Si no te gusta, podés cambiarlo por otro o devolverlo.

Autor/es: Mónica Virasoro
Editorial: Ciccus
Edición: 2020
Encuadernación: rústica
Páginas: 320
Idioma: castellano
Formato: 16 x 23 cm
ISBN: 9789876938136

Comenzó como novela, pero no pudo, por mi aliento corto, mi vagancia, miedo a las grandes estructuras, incapacidad al fin. Me alegré de la falta de fronteras entre los géneros, leía a Piglia que me daba ideas: …liberar al novelista de la necesidad de idear una trama… El futuro de la narración no dependerá de la construcción de un mapa de los hechos sino de la combinación de autobiografía, observación y reflexión.

Tampoco es diario, porque comienza a escribirse en el 2000 y habla de la niñez; porque los diarios registran los hechos mientras suceden, nada recuerdan. Pocas páginas, apenas reconocidas como propias, se rescataron de años juveniles, transformadas, maquilladas, travestidas. El poeta, sólo alejado de los hechos, se convierte en dador de sentido.

Obra fragmentaria, armada de a pedazos, su orden cronológico nada tiene que ver con el de la escritura. Pedazos reordenados con criterios varios se hilvanan inspirados en un leitmotiv: Cuántas madalenas, Marcel, cuántas para evocar una entera vida. Madalenas, memoria, tiempo se combinan en un plato de exquisito gourmet. Ninguna afición al tiempo ganado, tiempo de la eficiencia, de las cosas prácticas, vamos en cambio por el tiempo perdido, evanescente, esquivo.

Narrarse como una manera de ordenar la experiencia y darse sentido, la autoficción se sostiene por la distancia, ese verse como extraño, como otro.  Asoma la figura del doble. Acaso Ariadna, que es mi doble, tenga como doble a Ivana Matus…. y en masculino a Omar Olivas, y así se van entretejiendo cadenas de dobles que abonan al problema de quién habla. Por momentos hallo que no soy yo sino mis dobles que se entrometen pugnando por la escena y me repiten y cuestionan como “seis personajes en busca de un autor”. La vida ajena como escenario donde transcribo la mía para descubrir otras vidas posibles, lo potencialmente mío.

La escritura como tarea de orfebre que se complace en el volver y corregir; no sólo el estilo sino el sentido de lo vivido, sus significados ocultos, luces del inconsciente. A veces narro para entender mis sentimientos, tanto del pasado como del presente, y no me importan las diferencias; festejo tanto ser la misma como ser otra, acaso esa mezcla singular de ser todo a la vez yo y la otra.